Call for Papers

Desarrollo en Centroamérica – Modelos, debates, prácticas e imaginarios

15 y 16 de noviembre de 2013 en Bern, Suiza

Durante el siglo XX, desarrollo y progreso se convirtieron en conceptos muy influyentes en los debates públicos y políticos de Occidente. Ya desde el siglo XVIII, dichos términos emergieron de diversas tradiciones del pensamiento económico y social de Europa y, poco a poco, se extendieron hacia otras partes del mundo como modelos y discursos íntimamente ligados a la noción de modernidad. En este sentido, el concepto de desarrollo ha sido ampliamente utilizado como indicador para determinar el alcance de los procesos de crecimiento económico determinados por la producción industrial y el avance tecnológico de una sociedad. En el ámbito latinoamericano y centroamericano, desde el siglo XIX hasta mediados del siglo XX, dicho concepto aparece en un conjunto de narrativas culturales que articulan la dicotomía civilización y barbarie para legitimar la versión de modernidad que impulsaban los proyectos nacionales.

A partir de la época de la segunda posguerra mundial se afianzó la idea de que el grado de desarrollo que poseían las naciones determinaba un sistema de clasificación de las mismas. Surgió entonces la diada entre países desarrollados y subdesarrollados, entre primer y tercer mundo. A partir de entonces, desarrollo y progreso se convertirían en ideas prototípicas hacia las que las naciones deberían avanzar y aspirar, al grado de que la misma Organización de las Naciones Unidas declaró la década de 1960 como la década del desarrollo.

En este contexto, la Centroamérica del siglo XX, escenario permanente de conflictivas relaciones de hegemonía y resistencia con Estados Unidos, fue un laboratorio para diversos intentos por echar a andar programas para el desarrollo, impulsados fundamentalmente por la Agencia Internacional de Desarrollo US-AID del gobierno estadounidense. Diversos analistas coinciden en que, con esta estrategia, el gobierno de EE.UU. intentó demostrar la supremacía de su política de desarrollo en distintos momentos y territorios de la región. Así por ejemplo Guatemala, después de la caída de Arbenz en 1954, sirvió como una suerte de “showcase” para identificar los alcances y limitaciones de la visión de desarrollo implantada por los Estados Unidos. Consecuentemente, a inicios de la década de 1960, el gobierno estadounidense impulsó la llamada Alianza para el Progreso, un esquema de cooperación para impulsar el desarrollo en los países de América Latina. Durante esta década, y en el marco de dicha relación, los programas de desarrollo en Centroamérica se implementaron sin tomar en cuenta la opinión de sus habitantes y comunidades, pero impactando directamente en todos los ámbitos de su vida cotidiana: proyectos de infraestructura, de salud, de educación, de agricultura y de nutrición, así como en las prácticas culturales, lingüísticas e identidades étnicas. Con la implementación de los programas surgieron nuevos grupos de expertos en los diferentes países que fueron consultados como especialistas en distintos ámbitos políticos. Posteriormente, durante la década de 1970, las ONGs y las empresas privadas adquirieron un papel importante en estas iniciativas de desarrollo.

Para la década de 1980, y como consecuencia de la creciente violencia política que vivió toda la región centroamericana, se generaron debates en la opinión pública sobre la verdadera incidencia de los planes de desarrollo que se habían impulsado en la región durante las décadas pasadas. Esta década pasó a llamarse la “década perdida” en referencia a la incapacidad de los programas de desarrollo gubernamentales de abatir el atraso y las persistentes desigualdades de la región. Asimismo, en dichos años, las discusiones también plantearon, por primera vez, interrogantes sobre los efectos ecológicos que la búsqueda del desarrollo tendría en Centroamérica. La década de los 1990 se caracterizó por el hecho de que, ante la grave situación económica, varios países de la región incorporaron en su viraje a políticas neoliberales los llamados programas de ajuste estructural implementados por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo. Este proceso de ajuste intensivo provocó un replanteamiento de la visión de desarrollo para la región y simultáneamente el surgimiento de movimientos sociales locales y regionales comprometidos y acompañados de una creciente protesta y disentimiento sociales.

En síntesis, durante su historia y su genealogía en Centroamérica, la idea y los modelos del desarrollo han sido objeto de muchas críticas y debates, así como de reformulaciones y ajustes. Caracterizados como modelos con poder colonizador que establecían ciertos indicadores (supuestamente) universales para realidades locales muy heterogéneas, las políticas de desarrollo implementadas carecieron sistemáticamente de una reflexión acerca de la dimensión cultural implícita en toda formación social. El cuestionamiento de la perspectiva unilateral de los programas de desarrollo, que pretendía introducir cambios en las naciones sin tomar en cuenta las distintas opiniones de sus poblaciones, da cuenta de la necesidad de pensar la cultura en el desarrollo como un espacio fundamental en donde se construyen imaginarios que examinan críticamente los valores propuestos. Así, el desarrollo, asociado a contextos humano-culturales específicos, se perfila como una formación conceptual a través de la cual se pueden reflexionar las prácticas, modelizaciones y representaciones de las poblaciones centroamericanas.

Con todo lo anterior como contexto, el coloquio RedISCA 2013 propone reflexionar sobre el concepto de desarrollo desde una perspectiva transdisciplinaria que abarque distintas miradas (desde la historia, las ciencias sociales, los estudios culturales y literarios) y extiende la invitación a todos los centroamericanistas para la presentación de ponencias que aborden las políticas y los imaginarios del desarrollo en la región, sus críticas y visiones alternativas.

El coloquio RedISCA 2013 tendrá lugar el 15 y 16 de noviembre del 2013 en la Universidad de Berna, Suiza.

Las propuestas (max. 500 palabras) deberán ser enviadas antes del 30 de junio de 2013 a la dirección electrónica: christiane.berth@unisg.ch.

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